#ThankYouTaker

Wrestlemania 33 ha hecho historia. Y la ha hecho no por la calidad de los combates que se llevaron a cabo en el evento, cosa que no voy a analizar, sino porque el pasado 2 de abril, en el acontecimiento del año de la WWE, se terminaba la carrera de una leyenda: The Undertaker. Taker perdía su combate contra Roman Reigns, se desprendía de su abrigo, su sombrero, los doblaba, los dejaba en medio del ring y después de dar un beso apasionado a su esposa, la ex diva Michelle McCool, en primera fila, se marchaba. Un momento emocionante, quizá más emocionante que muchos combates.

Ahora empiezan las especulaciones sobre si se trata de una retirada completa, si sólo se ciñe a Wrestlemania, o… En mi opinión, tal y como se produjeron los hechos, caben pocas dudas de que la retirada es total y mantengo que posiblemente ya llevaba mucho tiempo tocándole.

A ver, los fanáticos –que los hay-, soy fan de The Undertaker. Posiblemente lo he sido desde antes de que nacieseis, desde principios de los 90, cuando apareció por primera vez. Me duele que se vaya. Mucho. Con él se cierra una era y además la WWE pierde una estrella que no podrá remplazar a corto plazo. Quizá ni a medio plazo. Pero ¿Qué queréis? Todos nos hacemos mayores y él ya acumulaba años y muchas lesiones. De hecho, las últimas noticias son que ahora se someterá a una operación para sustituir la cadera al completo. ¿En serio queréis que siga en activo, jugándose la salud, el físico, acumulando una lesión detrás de otra y en obvio declive?

Lo que la WWE ha hecho con The Undertaker ha sido exprimir la gallina de los huevos de oro hasta que no ha podido más. Y ha sido injusta. Porque tendrían que haberle permitido retirarse invicto en Wrestlemania. Eso era lo que se merecía ni más ni menos. Haberse ido por la puerta grande, sin perder un solo combate, con su leyenda intacta.

Repito, soy fan de Taker desde mi adolescencia. Nadie le quiere más que yo.

Tendrían que haber permitido que ese aura de misterio, de oscuridad, de poder, que siempre ha acompañado al personaje, incombustible, se fuera de ese modo, no gastada.

Roman Reigns después de finalizar el combate.

Roman Reigns no me cae mal, no le odio, y es casi seguro que está llamado a ser el relevo de John Cena como la cara de la compañía, pero ¿Ser el adecuado para retirar a The Undertaker? Nah! No lo era –por cierto, por si no lo habéis notado, esto es una opinión personal, respeto todas las demás. Esta es la mía-. A Taker tendría que haberlo ‘retirado’ Randy Orton, John Cena, ¿Chris Jericho? Y lo tendría que haber retirado perdiendo ante él. Repito, repito: tendría que haberse ido invicto. Y si no, tendrían que haberle retirado cuando la racha se rompió a manos de Brock Lesnar. Ahí, haber puesto el punto y final.

En cualquier caso, llevo desde el domingo sumándome al hagstag #ThankYouTaker. Donde quiera que vaya ahora, le echaremos de menos, como el baluarte de la WWE que ha sido durante 27 años. Gracias Taker, por todo. Nunca habrá otro como tú dentro de la WWE.

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